El ancla en la tormenta

el ancla en la tormenta

De vez en cuando vuelve la misma cantinela de siempre: que si la república, que si la monarquía está pasada de moda, que si esto que si lo otro. Se habla muy a la ligera, casi como si cambiar de sistema fuera como cambiar de coche. Pero los países no nacen de la nada ni se inventan sobre un papel en blanco; tienen una historia detrás, y la historia de España no se puede entender sin la Corona, nos guste más o nos guste menos.

La historia no miente: cada vez que quitamos al Rey, llegó el lío

En España siempre ha habido monarquía, y el respeto a nuestra historia no es ninguna tontería: es lo que nos ha mantenido unidos a lo largo de los siglos a pesar de nuestras diferencias, que no son pocas.

Cuando hemos probado el experimento de la república, las cosas no salieron precisamente bien:

  •  La Primera República (1873): Duró apenas un año, tuvimos cuatro presidentes y el país casi se parte en pedazos con los cantones, donde cada pueblo quería declararse independiente por su cuenta.
  •  La Segunda República (1931): Nació con ilusión para muchos, pero enseguida se convirtió en una trinchera. Los políticos utilizaron la presidencia para tirársela a la cabeza al adversario, no hubo manera de encontrar un punto medio y el final ya lo conocemos todos por desgracia.

En cambio, cuando el Rey volvió en la Transición, se logró pasar de una dictadura a una democracia de verdad, con paz y libertad. Ese mérito histórico está ahí y no se puede borrar.

Desmontando tópicos: las ventajas de tener un Rey

Hay un argumento que repite mucho la izquierda: "Es que al Rey no lo ha votado nadie".

De acuerdo, pero es que la gracia de un Rey es precisamente esa. En una república, ¿a quién pones de presidente del país? A un político. A un señor que vendrá del PSOE, del PP o de donde sea. Es decir, alguien a quien la mitad de los españoles va a mirar con recelo desde el primer minuto porque no lo votaron. El presidente de una república siempre tiene una etiqueta en la frente.

El Rey, en cambio:

  •  No le debe nada a ningún partido: No tiene que pagar favores políticos a nadie, ni hace campaña para que lo reelijan dentro de cuatro años.
  •  Es el árbitro: En el fútbol nadie quiere que el árbitro sea un delantero de uno de los dos equipos. El Rey está por encima de la pelea diaria de los políticos. No gobierna —para eso ya elegimos al presidente del Gobierno y a los ministros, que son quienes mandan y dan la cara—, pero representa a todos.
  •  Nadie está más preparado que él: Esto conviene decirlo claro. A ser Rey no se llega por una carambola de elecciones ni por ser el amigo de turno. Felipe VI se ha pasado la vida entera formándose para esto: idiomas, leyes, academias militares, diplomacia... Conoce a los mandatarios de medio mundo desde hace décadas. Cuando va fuera a abrir puertas a nuestras empresas o a representar a España, no va un novato que acaba de llegar y se irá en cuatro años: va un profesional con una agenda y un respeto que ningún político de paso puede tener.

Una república en España hoy es una quimera

Más allá de los deseos de algunos, la realidad es la que es: hoy por hoy, una república en España es prácticamente imposible e inviable.

Para cambiar la monarquía por una república haría falta cambiar la Constitución por su camino más difícil: harían falta dos tercios del Congreso y del Senado, disolver las Cortes, convocar elecciones generales, que el nuevo Parlamento vuelva a aprobarlo por otros dos tercios y, finalmente, votar todos en referéndum. Con el mapa político actual, donde los partidos que apoyan la monarquía tienen votos más que de sobra para frenarlo, las cuentas simplemente no salen.

Además, a los españoles no se nos impuso nada por la fuerza: la Constitución de 1978, con la Monarquía Parlamentaria incluida, la votamos y la aprobamos una inmensa mayoría de ciudadanos. Y la mayoría silenciosa sigue sabiendo que, en un país tan dado a discutir y a polarizarse como el nuestro, tener una figura neutral arriba del todo es el mejor seguro de vida para no tirarnos los trastos a la cabeza.

Al final, el sentido común nos dice una cosa muy simple: las cosas que funcionan y dan estabilidad no se tocan. En tiempos de ruido y división, tener un Rey preparado, que no entra al trapo de las peleas de partido y que representa a España con dignidad fuera de nuestras fronteras, no es un atraso: es una gran ventaja.

¡¡Hasta la próxima!!


P.D.: Si quieres suscribirte al blog, para estar informado de todo lo que ocurra en él, pulsa en este enlace, y rellena el formulario que te sale. No te preocupes, no cuesta nada. Es muy fácil. Solo tienes que poner tu nombre y una dirección de correo electrónico. Nada más. Hazlo y te lo agradeceré eternamente. Gracias.