¿ESTAMOS VIVIENDO POR ENCIMA DE NUESTRAS POSIBILIDADES?
Mientras los telediarios nos bombardean con titulares amables, estadísticas cocinadas y pantallas de humo diseñadas para entretener al personal, las cuentas del Reino de España están sufriendo un vaciado silencioso que pone los pelos de punta. Nos repiten hasta la saciedad que la economía va "como un cohete" porque Hacienda bate récords históricos de recaudación. Pero la realidad a pie de calle cuenta una historia radicalmente distinta: las carreteras se agrietan, los trenes descarrilan (como el trágico aviso que vivimos en Adamuz) y las patrulleras de la Guardia Civil en el Estrecho se quedan amarradas por falta de gasolina y repuestos para luchar contra el narco.
La pregunta que legítimamente nos hacemos todos en casa es: Si recaudan más que nunca, ¿dónde demonios se va nuestro dinero?
He estado husmeando en los informes de la Intervención General del Estado (IGAE) y del Banco de España, y la respuesta oculta tras la propaganda es demoledora. El Estado se ha convertido en un gigante con pies de barro que devora recursos a una velocidad pasmosa. Vamos a desnudarlo en cuatro verdades como puños. Seguro que hay mas, pero estas son las que yo veo.
1. El castigo silencioso: La "trampa" del IRPF
El Gobierno está haciendo caja a costa de tu pérdida de poder adquisitivo, y lo hace con un truco de magia digno del peor trilero. Al negarse en redondo a deflactar las tarifas del IRPF —que en cristiano significa ajustar los tramos del impuesto a la subida real de los precios—, nos están robando la cartera en silencio.
Funciona así: si la vida sube un 5% y tu empresa te sube el sueldo un 5% para que no pierdas poder de compra, tú sigues teniendo exactamente la misma capacidad para llenar la nevera. Todos sabemos que no es así, porque no nos suben el salario lo mismo que la inflación, siempre es menos, pero me vale para explicarlo y que se entienda. Sin embargo, al ganar más "dinero de papel", aunque sea menos, saltas automáticamente de tramo en la declaración de la renta y pagas más impuestos. Conforme subes de tramo, Hacienda cree que eres más rico y ganas más, y te obliga a pagar más. No eres más rico, eso lo sabemos todos, pero el Estado te quita más. Es una subida de impuestos encubierta que opera mes tras mes en cada nómina. El Gobierno se está beneficiando directamente de la inflación, o sea, blanco y en botella, le viene bien que haya inflación, aunque a nosotros, los ciudadanos, nos siente a cuerno quemado.
2. Una deuda asfixiante: 42.000 millones tirados a la basura
No es culpa de este gobierno, ni del anterior, es una cuestión que nos viene ya de lejos, desde los gobiernos de Felipe Gonzalez, pues querían construir un estado, y un país moderno, y no vieron otra opción que endeudarnos, para conseguirlo. La deuda, si es moderada, y se utiliza de forma inteligente, es útil, y genera riqueza. Pero si la utilizas sin control, a lo bestia, y sin medida, se convierte en un lastre tan grande, que impide el desarrollo de un país, e incluso lo puede hundir económicamente..
Bajo la gestión de Pedro Sánchez, la deuda pública española se ha disparado a una velocidad de vértigo, sumando más de 550.000 millones de euros de deuda adicional. Hemos roto la barrera psicológica de los 1,7 billones de euros en total, lo que equivale al 101,2% de todo nuestro PIB. Es decir, España debe ya más de lo que es capaz de producir en un año entero.
¿Y esto en qué te afecta a ti? Muy fácil. Solo este año, España tiene que tirar a la basura, o sea, dejar de invertir en lo importante, 42.000 millones de euros exclusivamente para pagar, sólo, los INTERESES de esa deuda a los bancos e inversores internacionales. Ese dinero —que daría para financiar toda la educación y la seguridad del país juntas— desaparece en un sumidero financiero. No va a médicos, ni a pensiones, ni a mejores carreteras; va a pagar los intereses de una tarjeta de crédito institucional que el Gobierno no para de pasar. Y aquí quiero haceros una pequeña y breve reflexión. A la hora de votar, y elegir a nuestros gobernantes, y representantes en el Congreso, quizá deberíamos mirar, en lugar de la ideología, la capacidad de gestionar que tienen nuestros políticos. Porque eso es lo que necesitamos, unos gobernantes que sepan gestionar, y no malgastar. Que como el dinero no es suyo, lo gastan sin control, y sin medida. Y así, con esas “ideas” nos están llevando a la ruina. Y además, nos están engañando, y tomando el pelo. Un buen "gestor", es lo que nos hace falta ahora. No un buen "ideólogo".
3. Operando de espaldas al pueblo: El "decretazo" como norma
Lo más grave a nivel democrático no es solo cuánto se gasta, sino cómo se gasta. Los Presupuestos Generales del Estado son la ley más importante de una democracia porque es donde se debate, euro a euro, el destino del dinero público. Pues bien, el Gobierno está operando sin presupuestos aprobados, encadenando prórrogas presupuestarias.
Esto les permite mover dinero de un lado a otro y abrir créditos extraordinarios mediante decretos, gastando sin el control, el filtro ni el debate del Parlamento. Es una gestión opaca y sin rendición de cuentas que se asemeja sospechosamente a un régimen absolutista: "Yo recaudo, yo reparto a mi antojo para mantener a mis socios de turno, y tú no mires las cuentas". Se ha anulado el control del ciudadano sobre nuestro propio dinero. ¿No os dais cuenta? ¿Estamos tan ciegos que no lo vemos?

4. Una dura reflexión: ¿Es hora de ser más humildes?
Tenemos que hacernos la pregunta incómoda que ningún político en el poder se atreve a formular por miedo a perder votos, o por pura inoperancia: ¿Tiene España la capacidad económica real para sostener este Estado del bienestar, tan gigantesco, o estamos viviendo muy por encima de nuestras posibilidades?
Residir en el "primer mundo" no nos da un cheque en blanco institucional. No hay ninguna deshonra en reconocer que no podemos pagarlo todo a base de endeudar a nuestros hijos y nietos hasta límites insospechados.
Quizá ha llegado el momento de ser más humildes, recortar el mastodóntico gasto político, los observatorios inútiles, los asesores a dedo y las estructuras elefantiásicas, y amoldar el Estado a lo que de verdad produce nuestra economía real (nuestros autónomos, pymes y trabajadores). No podemos pretender tener ministerios para todo, si luego, para cambiar las traviesas de una vía de tren o ponerle gasolina a una patrullera, tenemos que pedirle permiso y dinero prestado a los fondos de inversión de Nueva York o a los despachos de Fráncfort.
Ya está bien de que nos pinten el paisaje de color de rosa mientras nos vacían los bolsillos por detrás. Es hora de mirar los números de frente. Y de ser sinceros los unos con los otros...
¡¡Hasta la próxima!!
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