la España que engaña

La España que engaña

Introducción

El gobierno de Sánchez lleva tres años sin aprobar unos nuevos Presupuestos Generales del Estado. Sobre el papel, el país sigue funcionando, al ralentí, pero está en marcha. En los titulares, las cifras macroeconómicas parecen positivas. Pero cuando miras con calma, y hurgas un poco en la arena de los datos, la realidad es otra: la economía española no avanza porque esté fuerte, sino porque sobrevive por inercia, apoyada en factores externos como el turismo o la energía más barata, mientras los pilares internos se debilitan.

El consumo “sube” porque los precios se han disparado.
La inversión está estancada.
El gasto público crece sin planificación.
El empleo mejora en apariencia, pero se sostiene en categorías que maquillan la realidad.
Y la balanza exterior solo se mantiene gracias al turismo, no por una industria dinámica, o un sector primario competitivo.

Todo esto ocurre con unas cuentas caducadas, incapaces de reflejar la realidad del país. Tres años sin presupuestos no son un detalle técnico: son un síntoma de falta de responsabilidad institucional que termina pagando la ciudadanía. Esta falta de compromiso del gobierno con sus obligaciones, están provocando mas mal que bien en los ciudadanos de este país, en todo el conjunto de la sociedad. Pero la gestión del gobierno transmite una idea inquietante: que la estabilidad del poder importa más que la estabilidad del país.

Por eso, en este humilde artículo del Diario del Yeyo, y con ayuda de la Inteligencia Artificial, y una exhaustiva búsqueda de datos, voy a desmenuzarte con palabras sencillas y fáciles de entender, como está la auténtica realidad y la verdadera situación económica de España. Si, esa que no te cuentan. Con ello, mi única intención es que puedas percibir la gran mentira en la que nos tiene inmersos este gobierno.

1. Tres años sin presupuestos: un país gobernado con un Excel viejo

Un presupuesto es la hoja de ruta económica de un país.
Sin él, España funciona como una familia que intenta vivir en 2026 con un sueldo calculado en 2022. Y con toda la inflación que ha habido y sigue habiendo, comprenderás, que esas cuentas, ya están más que desfasadas.

La prórroga automática permite que el Estado siga pagando nóminas y servicios básicos, sí. Pero impide:

  • crear nuevas partidas,
  • actualizar gastos esenciales,
  • adaptar políticas a la inflación,
  • planificar inversiones,
  • responder a nuevas necesidades.

El país no se hunde, pero se queda quieto. Hoy en dia, en estos tiempos que corren, solo hay dos opciones: avanzar, o retroceder. No hay otra.
Y un país que se queda quieto, retrocede.

Vamos por partes.

2. El consumo: gastamos más porque todo cuesta más

El Gobierno repite que “el consumo crece” y que eso demuestra que las familias están mejor. Pero contado así, el mensaje es profundamente engañoso.

Es cierto que el INE publica el consumo “en volumen” —ya deflactado, o sea, ya descontada la inflación—, y ese dato muestra un crecimiento real. Sobre el papel, parece una buena noticia. Pero la realidad detrás de ese número es mucho menos brillante.

Lo que sube con fuerza no es la cantidad de productos que compramos, sino los euros que gastamos. La estadística registra dinero, no cestas llenas. Si antes llenabas el carro por 50€ y ahora necesitas 65€ para lo mismo, la contabilidad dice que “consumes más”. Tú sabes que no es verdad: compras, más o menos lo mismo, pero pagas más. Eso sí, todo hay que decirlo, hay cosas de las que no nos privamos...

La deflactación sirve para comparar datos macroeconómicos, pero no para medir la vida real de la gente. El INE calcula una inflación “media”, pero nadie vive en la media. Si tu sueldo sube lo mismo que el IPC, pero tu cesta de la compra sube más que ese IPC, pierdes poder adquisitivo desde la primera semana del mes. Me pongo yo como ejemplo: me dan 50 euros más de sueldo, pero gasto 50 euros más en la compra semanal, de la primera semana. ¿Qué pasa las otras tres semanas? Que vivo peor. La estadística dice que “mantienes tu nivel de vida”, incluso vives mejor, pero tu nevera dice otra cosa. Por eso el consumo puede crecer en los datos, pero las familias sienten que cada mes llegan más justas. O simplemente, no llegan,

La inflación media no existe: cada familia vive su propia inflación. Las familias con menos ingresos sufren una inflación real más alta porque gastan más en básicos, que es lo que más sube. No hay nada más injusto que la inflación. Las rentas altas, sin embargo, soportan mejor la subida de precios porque su cesta es más amplia y menos sensible.

La inflación ha distorsionado la foto. El consumo en euros se dispara porque todo es más caro, mientras que el consumo real, en productos, avanza mucho más despacio. Y aun así, el Gobierno te lo vende como un éxito. No te miente en la cifra, pero sí en la interpretación: te enseña el número que le conviene y oculta el contexto que lo explica.

El resultado es siempre el mismo: la realidad se maquilla para sostener un relato. ¡Dios, como odio esa palabra! El consumo crece, sí, pero no porque vivamos mejor, sino porque la economía se sostiene por inercia, no por planificación.

3. La inversión: el motor del futuro está gripado

La inversión es la parte de la economía que mira al futuro: fábricas, maquinaria, innovación, infraestructuras, modernización.

Y aquí la realidad es clara:

  • La inversión pública está congelada por la falta de presupuestos.
  • La inversión privada está contenida por la incertidumbre política y fiscal.
  • Los fondos europeos maquillan la estadística, pero no cambian la tendencia, es pan para hoy y hambre para mañana.
  • La inflación encarece proyectos, haciendo que parezca que se invierte más cuando en realidad se hace menos. Sucede como en el consumo, el mayor gasto en euros se debe al mayor importe de los proyectos de inversión, no al aumento de estos.

Un país puede aguantar sin consumo fuerte; poco, pero puede.
Pero sin inversión, se queda viejo. Se queda atrás. Lo que he dicho antes, retrocede.

4. El gasto público: crece, pero sin una hoja de ruta

El gasto público aumenta cada año, gobierne quien gobierne.
Es inevitable: pensiones, sanidad, dependencia, salarios públicos, deuda… todo sube.

Pero cuando un país lleva tres años sin presupuestos, el gasto crece pero sin planificación, sin orden, sin criterio:

  • no se reasignan partidas,
  • no se modernizan servicios,
  • no se corrigen ineficiencias,
  • no se prioriza lo urgente,
  • no se ajustan ingresos a la realidad,
  • no se realizan tareas de mantenimiento que pueden ser vitales, e incluso costar vidas humanas.
  • aumenta el número de funcionarios sin control.

El gasto no es el problema.
El problema es gastar sin rumbo. Y cuando se gasta sin rumbo, se gasta en lo que no se debe, y se abandona lo que se debe atender.

5. El empleo: una foto que no coincide con la vida real

Las cifras de empleo parecen buenas. Pero solo eso: lo parecen. Cuando uno mira la letra pequeña, la imagen cambia por completo.

  • Un empleo de 3 horas cuenta igual que uno de 8. Lo digo por experiencia.
  • Una persona con dos minijobs aparece como dos empleos creados (no en la encuesta de la EPA, pero si en los datos de la afiliación de la Seguridad Social)
  • Un fijo discontinuo sin trabajar no figura como parado.
  • La temporalidad no ha desaparecido: simplemente se ha convertido en parcialidad.
  • La calidad del empleo no mejora al ritmo que celebran los titulares.

No es que los datos estén manipulados, es peor: están contados de una forma que oculta la realidad. La metodología permite que un contrato de dos horas y media por 380€ al mes se celebre como “un empleo más”. Permite que miles de trabajadores que encadenan dos o tres trabajos para llegar a fin de mes aparezcan como “ocupados” y poco más. Permite que un fijo discontinuo que pasa meses sin trabajar desaparezca de la lista de parados.

El resultado es una foto optimista que no coincide con la vida real del mercado laboral. Una foto donde el número total sube, pero la dignidad del empleo baja. Una foto donde se presume de récords, pero crece el número de trabajadores pobres. Una foto donde la cantidad tapa la calidad, y donde la estadística sirve más para construir un relato que para describir un país.

Yo resumiría la situación del mercado laboral, y en términos cuantitativos, de la siguiente manera: “No hay más trabajo, es el mismo, pero repartido entre más personas, en jornadas más cortas y con sueldos que no dan para vivir.”

La reforma laboral ha logrado algo indiscutible: disfrazar muy bien los datos. Pero detrás del disfraz sigue estando la misma realidad: más gente trabajando, sí… pero no más empleo, y el que hay es más precario, más corto, peor pagado y más insuficiente para vivir.

Solo convence a quien prefiere cerrar los ojos. A quien mira más allá, le basta con hablar con cualquier trabajador para entender que esta “mejora” no se nota en los bolsillos, ni en la nevera, ni en la vida.

6. La inmigración: sostiene el empleo, pero no la planificación

España ha recibido una gran cantidad de inmigrantes en los últimos años. Gracias a ellos, el país ha evitado el colapso demográfico, ha rejuvenecido su fuerza laboral y ha sostenido sectores clave como la hostelería, la construcción, la salud o el turismo. En los titulares, esto se traduce en más empleo y más crecimiento. Pero la realidad es más compleja.

La inmigración ayuda, sí. Pero no responde a una estrategia económica clara. No hay planificación. No hay previsión. No hay presupuestos que acompañen este fenómeno.

La inmigración aporta trabajadores jóvenes y necesarios a un país que envejece, y su presencia ayuda a sostener el sistema a corto plazo. Pero conviene ser honestos, y realistas: la mayoría de estos nuevos cotizantes se incorporan a sectores con salarios bajos y jornadas parciales, lo que limita su aportación efectiva a la Seguridad Social. Mientras las pensiones medias superan ya los 1.400/1.500 euros, y tienen tendencia a aumentar, muchos de estos empleos apenas alcanzan los mil y pocos euros. No es un problema de las personas que llegan, sino del tipo de economía que tenemos. La inmigración alivia la presión demográfica, pero no participa activamente en financiar un sistema de pensiones cada vez más costoso si los salarios y la productividad no mejoran. Hablar de esto con rigor no es ir contra nadie: es, simplemente, reconocer la realidad para poder construir soluciones justas y sostenibles.

La productividad sigue estancada. Los salarios se resienten. El déficit de vivienda se agrava. Y el país se limita a regularizar, improvisar y resistir.

La inmigración contribuye al PIB, pero no resuelve los problemas estructurales. Es otro ejemplo de cómo España avanza por inercia, no por visión.

7. La balanza exterior: el turismo sostiene lo que la industria no puede

España presume de superávit exterior.
Y es cierto: la balanza de pagos está en positivo.

Pero no por las razones que deberían tranquilizarnos:

  • Las exportaciones están estancadas. Hay que tener en cuenta que la inflación hace que los precios de nuestros productos de cara al exterior sean mas caros, y por tanto no puedan competir con otros similares, mucho mas baratos que los nuestros.
  • La industria no despega. Tiene un peso muy bajo en el PIB nacional, su producción está estancada, falta inversión, tiene muy poca presencia en tecnologías punteras, y también es muy vulnerable al coste de la energía. Sin industria fuerte, un país depende del turismo y de factores externos. Y eso no es un modelo económico: es una apuesta al azar.
  • España recibe inversión extranjera, sí, pero no la suficiente para transformar su economía. Llega dinero, pero no llega el tipo de inversión que crea productividad, industria o futuro. Invierten en servicios, telecomunicaciones, comercio y energía. Pero no en tecnología, innovación, industria o sectores estratégicos. Y con tres años sin presupuestos, la incertidumbre no ayuda.
  • El déficit comercial sigue ahí. La balanza comercial sigue en rojo porque compramos más fuera, de lo que vendemos. Es el síntoma más claro de una economía que no genera suficiente valor y que depende del exterior para casi todo. Un país que importa bienes caros y exporta bienes baratos no puede presumir de fortaleza económica.

Lo que sostiene la balanza es:

  • el turismo,
  • y la caída del coste energético.

Es decir: factores externos, no fortaleza interna.

Si sube la energía o cae el turismo, el superávit desaparece.

8. El resultado: una economía que parece fuerte, pero es frágil

la España que avanza por inercia

España no está en crisis, al menos oficialmente.
Pero tampoco está avanzando.

La economía crece por:

  • turismo,
  • energía más barata,
  • inflación que infla cifras,
  • fondos europeos, de los que hablaré a continuación.

No crece por:

  • productividad,
  • industria,
  • inversión,
  • innovación,
  • reformas,
  • planificación.

Tres años sin presupuestos no son un accidente.
Son un síntoma de un país que funciona por inercia, no por visión. Y esa inercia, acabará algún día, y el país se paralizará.

9. Los fondos europeos: una oportunidad histórica que evita el desastre, pero no impulsa el futuro

Los fondos Next Generation han sido la mayor inyección económica que España ha recibido en décadas. Su impacto tiene dos caras muy distintas.

Lo positivo (al menos lo parece)

  • Evitaron un colapso económico tras la pandemia.
    Sin estos fondos, España habría tenido que elegir entre recortes masivos, subidas de impuestos aún mayores o un endeudamiento explosivo. Muchas empresas habrían cerrado, miles de empleos se habrían perdido y los servicios públicos habrían sufrido un deterioro profundo. No es de extrañar el empecinamiento de Sánchez a la hora de luchar en Europa por conseguir estos fondos. Se veía venir el percal. Los fondos actuaron como un salvavidas en el momento más crítico.
  • Mejoran la balanza exterior, porque permiten financiar inversiones sin aumentar la deuda.
  • Impulsan proyectos de modernización, especialmente en digitalización, energías renovables y movilidad sostenible.
  • Actúan como colchón económico, suavizando los efectos de la inflación y del encarecimiento energético.

Lo negativo (la realidad)

  • La ejecución es lenta y dispersa: gran parte del dinero aprobado no llega a la economía real.
  • Se fragmentan en miles de microproyectos, muchos de ellos de bajo impacto, sin una estrategia transformadora clara.
  • No generan un cambio estructural: no reindustrializan el país ni aumentan la productividad al ritmo necesario.
  • No sustituyen a unos presupuestos actualizados, y acaban funcionando como un parche ante la falta de planificación.
  • Atraen poca inversión privada adicional, perdiendo el efecto multiplicador que deberían tener.
  • España ha recibido la mayor ayuda económica de su historia, pero corre el riesgo de perder parte de ella por falta de ejecución y por no cumplir los compromisos adquiridos con Europa, a tiempo. No es un problema de dinero: es un problema de gestión. Este gobierno no sabe gestionar el dinero, lo malgasta, o simplemente, lo pierde.
los fondos europeos

Y el punto clave para entender la situación:

Los fondos europeos evitaron una crisis mayor, pero no están siendo gestionados como una palanca de transformación, sino como un recurso más para sostener el día a día.
Este gobierno ha demostrado que sabe recibir dinero —vía impuestos, deuda, ayudas o fondos europeos—, pero no sabe convertir ese dinero en modernización, productividad o futuro.

En resumen:
los fondos europeos han impedido que España retroceda, pero no están sirviendo para que avance. Son una oportunidad histórica que exige visión, coordinación y planificación, justo lo que falta cuando un país lleva tres años sin presupuestos.

10. Conclusión: gobernar no es resistir

Gobernar no es aguantar. No es sobrevivir. No es estirar unos presupuestos caducados durante tres años mientras el país se adapta como puede. Gobernar es planificar, actualizar, negociar, escuchar y responder. Y cuando un gobierno renuncia a todo eso, cuando decide que es mejor resistir que gobernar, la democracia se resiente.

Porque un gobierno puede permitirse vivir en el bloqueo. Sánchez lo está demostrando.
Pero un país no.

La ciudadanía no puede ser tratada como un espectador pasivo mientras las instituciones se paralizan. No puede ser ignorada solo para mantener una mayoría frágil o una estabilidad artificial. No puede ser sacrificada en nombre de una resistencia que no soluciona nada.

Tres años sin presupuestos no son una anécdota.
Son la prueba de que la supervivencia política se ha puesto por delante de la responsabilidad institucional.
El relato por delante de la realidad.
La poltrona por delante del país.

Quizá sea ingenuo pedir más democracia en un tiempo en el que la política parece obsesionada con resistir en lugar de gobernar. Pero la democracia no se defiende sola. Se defiende con hechos, con transparencia, con cuentas actualizadas y con respeto a la ciudadanía.

España no necesita un gobierno que resista.
Necesita un gobierno que gobierne. Y que lo haga bien.

Bibliografía

Empleo (EPA, afiliación, horas trabajadas, productividad)

INE – Encuesta de Población Activa (EPA)

INE – Horas efectivas trabajadas (EPA, tabla 65157)

Ministerio de Trabajo – Informes trimestrales EPA

Banco de España – Evolución de las horas trabajadas por ocupado (Boletín Económico)

CaixaBank Research – Disparidad entre ocupados y horas trabajadas

Inflación, IPC, cesta de consumo, energía

INE – Índice de Precios de Consumo (IPC)

INE – Cesta de bienes del IPC (ponderaciones oficiales)

Ministerio para la Transición Ecológica – Precios de la energía

OMIE – Precio diario de la electricidad (mercado mayorista)

Salarios, poder adquisitivo, coste de vida

INE – Encuesta Anual de Estructura Salarial

Banco de España – Informes sobre salarios reales y poder adquisitivo

Inmigración, población activa, demografía

INE – Estadística de Migraciones

INE – Cifras de Población y Censos Demográficos

Ministerio de Inclusión – Datos de inmigración y afiliación

Hacienda, recaudación, IRPF, IVA

Agencia Tributaria – Datos de recaudación tributaria

Ministerio de Hacienda – Informes económicos y presupuestarios

PIB, crecimiento económico, contexto macro

INE – Contabilidad Nacional Trimestral (PIB)

Banco de España – Proyecciones macroeconómicas

FMI – Perspectivas económicas de España

¡¡Hasta la próxima!!


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