Cuando aferrarse al poder cuesta vidas
Vaya por delante, antes de cualquier otra palabra, mi respeto más sincero y mi dolor compartido con las familias de las víctimas de esta tragedia espantosa. Terminan ahora los tres días de luto oficial decretados, pero el luto real de quienes han perdido a los suyos en las vías de Urda no acabará jamás. Precisamente por respeto a su memoria, no nos podemos quedar callados. Guardar silencio hoy no es respeto; es complicidad con quienes han permitido que esto pase.
Lo de Urda, sumado al choque de Adamuz de hace apenas unos meses, no ha sido mala suerte. Ha sido la consecuencia de una incompetencia política continuada, cobarde y criminal.
La cronología de la infamia y un impacto a 200 km/h
Los datos del informe preliminar de la investigación técnica de la AITAT desmontan de un plumazo cualquier intento del Gobierno de presentarlo como un imprevisto. La radiografía de lo que ocurrió aquella mañana es aterradora por su crudeza:
👉08:31 horas: Se desploma la central del sistema de seguridad LZB en el cantón de Urda. La línea se queda a ciegas y los trenes se ven obligados a detenerse. Entre ellos, un convoy de la compañía Iryo que queda frenado ante la señal de entrada de la estación de Urda. Es el enésimo fallo (¿170?) que da este sistema tan arcaico, pero que aun lo siguen manteniendo en la linea de AVE de Madrid-Andalucía.
👉La gestión a ciegas: Con el tramo colapsado y el sistema de parada automática inoperativo por la avería, desde el control se dictan instrucciones en condiciones degradadas, en situación de mucho descontrol, y también de estrés. Al tren AVE que venía por detrás se le autoriza a continuar sin comprobar que la vía seguía ocupada por el tren precedente. No habría habido error humano si se hubieran dotado a ese centro de control de Atocha, de las condiciones adecuadas de seguridad para trabajar en situaciones límite. No olvidemos que estamos hablando de vidas humanas, y contra eso no valen excusas. Deben dotarse si o si.
👉08:53 horas: El AVE embiste por alcance al Iryo detenido. El informe técnico preliminar fija la velocidad del impacto entre 160 y 200 kilómetros por hora. Una masa de cientos de toneladas lanzada a esa velocidad contra un tren repleto de pasajeros, pulverizando los coches de cola y arrojándolos por el terraplén porque las barreras de mitigación del sistema simplemente no funcionaron.
👉Veintidós minutos fatídicos entre la primera avería y el choque. Veintidós minutos en los que la falta de sistemas de protección automáticos modernos convirtió la vía en una trampa mortal. Algo funciona mal en el sistema, y NO son sus trabajadores.
El sillón por encima de todo
Tengamos la valentía de decir las cosas como son, sin rodeos: España lleva tres años enteros funcionando sin Presupuestos Generales del Estado. Y van a ser cuatro. Toda una legislatura entera. Eso es inconcebible. En cualquier democracia seria, un gobernante incapaz de sacar adelante unas cuentas públicas convoca elecciones y se somete al veredicto de las urnas. Es lo normal y sano en democracia. Aquí no. Pedro Sánchez, cegado por su empeño de no soltar la Moncloa bajo ningún concepto y movido por un rechazo visceral, por no decir odio, a que gobierne la oposición, ha preferido mantener un país bloqueado antes que arriesgar su poder. El, por encima de sus ciudadanos. Así es el personaje.
Esa obsesión por atrincherarse en el sillón no es una anécdota parlamentaria: tiene consecuencias materiales demoledoras. Se produce una parálisis total del pais. Supone gobernar a base de parches, prórrogas y arbitrariedad, o sea, hace lo que le dá la gana; mientras la recaudación fiscal marca récords históricos, nadie sabe a ciencia cierta a qué bolsillos o a qué intereses va a parar el dinero de nuestros impuestos. Eso es inconcebible en una democracia. Solo las dictaduras actúan así. Y cuando un Estado no aprueba presupuestos para priorizar servicios esenciales, lo que se resiente de inmediato es la transparencia, la inversión continua, el personal y la seguridad de las infraestructuras críticas. Lo que hemos visto en Urda, o Adamuz, meses atrás, es el coste humano, entre otros, de esa parálisis.
Cifras millonarias sobre el papel, vías abandonadas en la realidad
Nos venden modernidad, pero los datos desnudan el engaño. La línea de alta velocidad Madrid-Sevilla sigue dependiendo del sistema LZB, una tecnología instalada para la Expo del 92 que ya está descatalogada y que en el resto de Europa consideran una pieza de museo.
En 2021 se anunció a bombo y platillo el plan integral para renovar esta línea y sustituir el LZB por el sistema moderno ERTMS, con una inversión presupuestada superior a los 650 millones de euros, financiada en gran parte por los fondos europeos NextGenerationEU. El dinero de Bruselas estaba consignado y las licitaciones redactadas. Sin embargo, año tras año, la ejecución real de esas partidas ha avanzado a paso de tortuga. De hecho, los informes de seguimiento de inversiones de Adif reflejan sistemáticamente que un porcentaje alarmante de lo presupuestado en modernización de corredores veteranos se queda sin ejecutar en el terreno.
¿Cómo se explica que la Unión Europea riegue con millones de euros la modernización de los sistemas de señalización y que, bien entrado 2026, los trenes sigan circulando con parches informáticos que colapsan tramos enteros de más de 60 kilómetros? Peor aún: mientras la red interna se cae a pedazos por falta de mantenimiento preventivo, el Gobierno firma convenios, compromisos diplomáticos y proyectos para impulsar ferrocarriles en Marruecos o Turquía. Dinero y empeño para el exterior; dejadez y falta de repuestos para las vías donde viajan a diario los españoles.
Como colmo del cinismo, el ministro de Transportes se atrevió a despachar en rueda de prensa que el sistema LZB «tiene muy buena aceptación en Europa» y pretendió normalizar los 170 fallos registrados en este corredor a lo largo del año. Es un insulto a la inteligencia y una falsedad flagrante: ningún país europeo compra ni instala ya LZB, porque Bruselas lo catalogó formalmente como tecnología obsoleta de «clase B» y exige por normativa su desmantelamiento obligatorio para sustituirlo por el estándar ERTMS. ¿Como puede mentirnos a la cara de esa forma tan descarada, diciendo eso? Además, 170 averías en un solo año no son una cifra ordinaria en ninguna línea moderna; suponen un fallo prácticamente cada dos días, obligando a circular una y otra vez en «modo degradado», a ciegas, multiplicando el estrés en las salas de control y trasladando todo el riesgo al factor humano sin la red de seguridad del frenado automático. Intentar hacer pasar por «habitual» lo que es un síntoma indiscutible de agonía tecnológica y falta de mantenimiento preventivo retrata la bajeza moral de quien prefiere mentir en directo antes que asumir responsabilidades.
Buscar cabezas de turco para tapar el desastre
Lo que vino después del impacto en Urda es todavía más indignante. Y repugnante. Los trabajadores ferroviarios llevaban meses avisando del agotamiento insostenible en los Centros de Regulación y Control (CRC), con huelgas convocadas y advertencias formales sobre el estrés de tener que gestionar manualmente la circulación de trenes repletos de pasajeros cuando los sistemas fallan. Los propios operadores, como Iryo, habían dado la voz de alarma pocas semanas antes del siniestro por las caídas recurrentes del LZB que inmovilizaban convoyes.
Nadie en el Ministerio de Transportes escuchó. Y en cuanto ocurrió la colisión, y aquí viene lo repugnante, la consigna política fue clara: salvar al ministro y al Gobierno cargándole el muerto al último eslabón de la cadena, al más débil, al trabajador de la sala de control. Es la misma táctica cobarde de siempre. Para colmo, con una investigación judicial abierta bajo secreto de sumario, medios afines al poder, la Ser y El Pais, filtraron de inmediato audios sesgados de las comunicaciones internas para imponer a toda prisa el relato del «error humano» y lavar la cara a los despachos oficiales. Filtraciones selectivas y posiblemente delictivas utilizadas como escudo político antes siquiera de enterrar a los fallecidos. ¿Hasta donde están dispuestos a llegar para conseguir sus objetivos? Estamos viendo que son capaces hasta de pasar por encima de las vidas de los ciudadanos. Y esos medios "afines" son sus cómplices. Tan criminales son los unos como los otros ¿De verdad tendrán la conciencia tranquila?
Conclusión
Gobernar un país no consiste en resistir a cualquier precio aferrado a la presidencia; consiste en garantizar que los ciudadanos puedan subirse a un tren y volver vivos a sus casas. Mantener a España sin presupuestos para salvar una legislatura precaria y desoír las advertencias de seguridad en el transporte público no es solo una pésima gestión, ni siquiera una negligencia, es un crimen en toda regla, que jamás debería cometerse. Y el que la hace, acabará pagándolo.
El próximo 29 de noviembre tenemos una cita decisiva con las urnas para elegir al nuevo Gobierno de España. Cuando llegue ese domingo y tengamos la papeleta en la mano, no podemos permitirnos la amnesia. Hay que acordarse de las advertencias desoídas, del dinero europeo que nunca llegó a las vías, de los trabajadores sobrecargados a los que luego culparon y de las víctimas de Urda y Adamuz. Votar no es solo elegir siglas: es exigir rendición de cuentas y decidir si premiamos la soberbia de quienes prefirieron dejar caer las infraestructuras de todos antes que soltar el poder, o si ponemos punto final a una etapa de negligencias intolerables. Que nadie lo olvide frente a la urna.
¡¡Hasta la próxima!!
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