Transición ecológica o Imposición

Transición ecológica, ritmo humano o imposición

Hay debates que se han convertido en ruido, consignas y banderas. El del cambio climático es uno de ellos. Y, sin embargo, detrás de toda esa espuma hay una verdad incómoda que casi nadie quiere decir en voz alta: la transición ecológica se está planteando a un ritmo que no es humano, no es realista y no es socialmente asumible.

No estoy hablando de negar el cambio climático. Tampoco de abrazar el apocalipsis. Se trata de algo mucho más simple: sentido común.

Voy a exponer una serie de claves, que yo personalmente, creo que son vitales en todo este asunto, y de las que, aparentemente, poco se habla. 

El clima cambia, pero la sociedad no cambia por decreto.

La Tierra lleva miles de millones de años cambiando. Ha pasado por glaciaciones, por periodos tropicales, por cataclismos y por tiempos de estabilidad. El clima nunca ha sido estático. Lo sabemos porque los cambios largos dejan rastro, y los científicos pueden estudiarlos. Los cambios rápidos, los que duran décadas o siglos, son más difíciles de detectar, pero también han existido.

El planeta ha sobrevivido a todo. La humanidad, no lo tengo tan claro.

Y aquí viene el primer punto clave: el problema no es el cambio climático en sí, sino la velocidad a la que pretendemos responderle.

Las transiciones energéticas históricamente siempre han sido lentas, graduales, generacionales.

Por ejemplo, el paso de la leña al carbón, en la Revolución Industrial, de los siglos XVIII y XIX, duró más o menos, entre 80 y 120 años, porque había que cambiar infraestructuras, la gente no se acostumbraba al carbón, y además, este no daba buena imagen, pues era muy sucio y peligroso. También el cambio del carbón al petróleo duró entre 60 y 80 años pues la industria del carbón tenía un peso enorme, y le costó ceder lo suyo; o los motores de gasolina tardaron mucho en ser fiables; incluso el petróleo necesitaba refinerías, oleoductos, gasolineras, cosa que tardó su tiempo en consolidarse. Y qué decir del cambio del carbón al gas natural, en los hogares, que duró entre 50 y 70 años, y todavía hay algún país que funciona con carbón.

politicos nefastos

Todas las transiciones energéticas de la historia han necesitado entre 40 y 120 años. Ninguna ha sido rápida. Ninguna ha sido impuesta. Todas han dependido de que la nueva tecnología fuera más barata, más cómoda y fiable que la anterior.

Nunca se ha hecho una transición total en 10 o 15 años. Pretenderlo ahora es desconocer cómo funciona la sociedad y la naturaleza humana.

El coche eléctrico es el ejemplo más claro de una transición mal planteada. Es caro. La infraestructura es insuficiente. Las ayudas son lentas, confusas o directamente inútiles. La autonomía real no siempre coincide con la publicidad. Siempre es menor en la práctica. Y para millones de personas, cargar un coche es sencillamente inviable. Además, la saturación de la red electrica española, no permite avanzar mas, por lo que hay un freno ahí, imposible de superar.

Y aun así, se pretende que el ciudadano lo adopte por obligación. Como si la gente cambiara de tecnología porque un político lo ordena.

La realidad es otra: si una tecnología necesita ser impuesta, es que no está madura.

Ahora quiero tocar otro punto clave en esta problemática.

La ideologización del clima en España: cuando la causa se convierte en bandera.

En España, la transición ecológica no se ha planteado como un proyecto de país, sino como un símbolo ideológico. Hablo de la Agenda 2030. Y cuando una política pública se convierte en bandera, ocurre lo inevitable: quien no comparte esa ideología rechaza automáticamente la medida, aunque la medida parezca razonable, aunque el objetivo sea legítimo, y aunque el problema sea real.

No es una cuestión de clima. Es una cuestión de tribus políticas. Tanta culpa tiene el que genera la ideologización, como el que rechaza las medidas, por la misma razón.

Durante años, el discurso climático se ha presentado como moralmente superior, acompañado de un tono de culpa, urgencia y obligación. El resultado es previsible: una parte de la sociedad desconecta del mensaje, no porque niegue el cambio climático, sino porque rechaza la imposición ideológica que lo envuelve.

Y mientras nosotros nos debatimos entre una cosa y otra, el clima sigue a lo suyo. Y esa es otra clave que quiero exponer en este artículo

La realidad ya está aquí: las borrascas que han golpeado España.

Mientras discutimos fechas, decretos y consignas, el clima ya está mostrando su cara más dura.

En las últimas semanas, España ha encadenado borrascas de gran impacto, con lluvias torrenciales, vientos huracanados y desbordamientos de ríos que han provocado inundaciones, derrumbes, desalojos y pérdidas humanas y materiales. Municipios enteros han quedado aislados. Miles de hectáreas agrícolas han quedado anegadas. Infraestructuras que parecían sólidas han cedido en cuestión de horas.

No son anécdotas. No son “cosas del tiempo”. Son señales de un clima cada vez más agresivo, más imprevisible y costoso. No quiere decir que vaya a pasar todos los años, pero cada vez es más frecuente, y cuando toque, será cada vez peor. Y mientras tanto, seguimos sin un plan serio de adaptación.

Y esa es otra. Aquí expongo otra clave determinante en toda esta problemática.

La desconfianza hacia la clase política: el factor que nadie quiere reconocer.

La confianza en la clase política está bajo mínimos. Y cuando la confianza desaparece, cualquier obligación se interpreta como abuso. Si además afecta al bolsillo, el rechazo es automático. Y aquí hablo también como ciudadano: yo soy el primero en reaccionar ante ese atropello. La pregunta que me hago es así de clara: Estos tipejos tan inútiles, y tan ineptos, que se sientan y se aferran a las poltronas, ¿me van a decir a mí, lo que me tengo que comprar? ¿Por qué un político tiene que obligarme a comprar un coche eléctrico que no quiero y no puedo pagar? ¿Por qué tengo que asumir un coste que ni el Estado ni el mercado están preparados para sostener? En democracia, la respuesta es muy simple: no tengo por qué. No me da la gana.

Ahora viene una clave decisiva en todo esto, el baño de realidad.

Las automovilísticas atrapadas entre Bruselas y Pekín

Las grandes marcas no se lanzaron al coche eléctrico por convicción ecológica. Lo hicieron porque:

  1. La Unión Europea impuso objetivos imposibles, con multas multimillonarias, si no se lograban.
  2. China tomó la delantera, domina las baterías y fabrica coches eléctricos más baratos, porque tiene unos costes laborales y materiales mucho más bajos.
  3. El marketing verde vendía bien… hasta que dejó de hacerlo.
papel de las automovilisticas

Ahora, cuando el mercado real no acompaña, las marcas reculan. Y presionan a los mismos políticos que las empujaron a acelerar.

El péndulo vuelve al centro, de donde nunca debió salir. Ahora, algunos países europeos se dan cuenta de que las cosas se han ido un poco de madre y han exigido mucho, y pretenden bajar ahora las exigencias.
Como siempre, el mercado acaba imponiéndose. La transición no puede imponerse, debe avanzar de forma natural, como todo en esta vida. Y si tiene que durar entre 40 y 60 años, pues tendrá que ser así. Es nuestra naturaleza, la humana, la que siempre impone la cadencia de los tiempos.

Vale, ahora bien. El cambio climático sigue su ritmo, ajeno a nuestra naturaleza. Aquí os expongo otra clave importante que se debe tener en cuenta, según mi humilde opinión.

¿y si no llegamos a los objetivos climáticos?

Estamos invirtiendo tiempo y dinero en revertir el cambio climático.
Pero ya he dicho antes que las prisas no son buenas consejeras. Y los objetivos que nos hemos planteado, no son viables, ni realizables, ni realistas. ¿Entonces que ocurre?
Pues que no estamos invirtiendo nada en prepararnos si no lo conseguimos. Que es lo mas probable. ¿Alguien se ha parado a pensarlo?

Esa posibilidad no es ciencia ficción. Es real.

Si el clima se vuelve más agresivo, y todo indica que lo hará, antes incluso de lo que teníamos previsto, necesitaremos:

  • infraestructuras resistentes,
  • gestión del agua, cauces, barrancos, pantanos, todo en condiciones de resistir la agresividad de la naturaleza.
  • agricultura adaptada, optimizando regadíos, etc...
  • ciudades preparadas para el calor, u otras climatologías adversas,
  • protección de costas, frente al previsible crecimiento del nivel del mar, 
  • y tecnologías de captura de CO₂. En esto, la ciencia debe trabajar también en paralelo, para aportar soluciones efectivas y eficientes.

En definitiva, preparar España y Europa para un clima más extremo, con medidas concretas, técnicas y realistas que no dependan de ideologías, sino de supervivencia.

No es rendición. Es previsión. Es que aunque consiguiéramos los objetivos de reducir la huella de carbono en nuestra atmósfera, y estabilizarla, el clima no reduciría de golpe su agresividad, tardaría décadas en volver a la “normalidad”, de la que disfrutábamos antes.

Por tanto, estas medidas que he citado como ejemplo, que es necesario tomar, han de realizarse sí o sí. Y con carácter de urgencia.

Y para terminar esta exposición, os doy la clave final de lo que debería hacerse, desde la humilde opinión, de un ciudadano corriente.

La estrategia sensata: transición humana + adaptación real

La transición ecológica no debe ser una guerra cultural ni un castigo económico.
Debe ser un proceso humano, gradual y tecnológicamente sólido. Avanzar hacia energías limpias, sí, pero a un ritmo que la sociedad pueda asumir. Con tecnología madura, no con imposiciones. Con mercado, no con decretos. Los ciudadanos iremos poco a poco cambiando nuestra mentalidad, y aceptaremos la nueva tecnología con normalidad. Y con adaptación realista, porque parte de ese cambio es inevitable. No se trata de salvar el planeta. El planeta seguirá aquí, hagamos lo que hagamos. Se trata de proteger nuestro estilo de vida, y que cambie siempre a mejor, no a peor.

Opinión personal: mi pesimismo político

Y como epílogo, quiero exponeros mi opinión, como autor de este pequeño artículo, a modo de reflexión personal.

pesimismo personal

Soy pesimista respecto a nuestra clase política.
No veo capacidad, ni visión, ni voluntad real para abordar las medidas que necesitamos.
Ni para una transición sensata, ni para una adaptación seria. Están demasiado ocupados enfrentándose unos con otros, ideologizando, y enfrentando a los ciudadanos entre sí. Cuando escucho lo de 2035 en la Unión Europea como año límite, me echo a reír, por no llorar. O lo de la agenda 2030, que se ha preocupado mas de imponer medidas contra el cambio climático, que de adaptar al país a contrarrestar sus efectos.

El cambio climático seguirá su curso. De hecho ya está aquí. Ya ha empezado a actuar.
Y lo va a seguir haciendo, con nosotros o sin nosotros.Y si seguimos tomando medidas ineficaces, simbólicas o ideologizadas, el cambio se producirá igual, pero nos encontrará peor preparados. Hagámonos a la idea, el cambio climático es de momento, irreversible. Con el tiempo, y una caña, como decían mis antepasados, se puede conseguir reconducir el nivel de CO2, y quien sabe, igual, dentro de 100 años, la temperatura media del planeta vuelva a niveles del siglo pasado.

El clima está cambiando, la política está fracasando, y la sociedad necesita certezas, soluciones, no banderas ni imposiciones. La transición ecológica debe ser humana, o no será. Y como no vamos a llegar a tiempo, esa es una realidad, mas vale que estemos preparados. Esto último, como ya os dicho antes, no lo veo tan claro. La generación de políticos que tenemos hoy en día, no está en absoluto capacitada para enfrentar los retos que nos trae el futuro...

Ese es mi temor.

Y por eso he decidido escribir este artículo. Si tú, amable lector, opinas diferente, estoy deseando leer tus reflexiones, para contrastar opiniones. Escribe un comentario justo debajo de este post, y te leeré muy gustoso.

¡¡Hasta la próxima!!


P.D.: Si quieres suscribirte al blog, para estar informado de todo lo que ocurra en él, pulsa en este enlace, y rellena el formulario que te sale. No te preocupes, no cuesta nada. Es muy fácil. Solo tienes que poner tu nombre y una dirección de correo electrónico. Nada más. Hazlo y te lo agradeceré eternamente. Gracias.